La ciudad de Palermo se merece un mínimo de un día para
visitarla. Bombardeada durante la II Guerra Mundial, la ciudad sufre
desde entonces un gran envejecimiento y descuido, que a la vez forma
parte de su encanto.
Es importante aprovechar las horas de menos sol para pasear por sus
mercados, los más conocidos son el de Vucciria
y el de Ballarà.
Los jardines son un buen lugar para descansar, la Piazza de la Vittoria
y la Piazza Marina tienen los jardines más destacables.
Son de visita obligada los edificios de la catedral, la iglesia de
San Giovanni degli Eremiti, la Cappella Palatina, y los palacios como
el Normanni y el Abotellis.
Es un bonito pueblo costero que sirve de puerto a Segesta. En el centro
de este pueblo sobrevive un castillo aragonés,
mientras que las viejas y pintorescas calles del barrio medieval
han heredado el nombre de castri de la terra. Un lugar ideal
para comer o cenar frente al mar.
Se pueden visitar las ruinas de la antigua ciudad
de Segesta, están en lo alto de la montaña, junto con
el teatro del siglo III a.C. y el templo
dórico construido en el siglo V a.C., el monumento
está bien conservado.
El Corso Vittorio Emanuele es la calle principal
del casco antiguo, donde se pueden ver edificios barrocos y la catedral
de San Lorenzo. También se pueden visitar Museos como el Pepoli,
de arqueología, pintura siciliana, joyas y cerámica;
el Museo di Preistoria y el Museo delle Saline.
La ciudad es básicamente romana, exceptuando algunos barrios
árabes. En el centro de la ciudad se pueden visitar la
Piazza della República, el Palazzo Senatorio,
la catedral y el Museo degli Arazzi Fiamminghi.